Las enfermedades cardiovasculares constituyen la primera causa de mortalidad en los países desarrollados, debido al estilo de vida y al tipo de alimentación que llevan. Es por ello que la prevención de estas enfermedades debería ocupar un lugar primordial en los programas de salud.

Sin embargo y a pesar de los beneficios cardiovasculares ya comprobados de los programas de ejercicio físico, la realización de estos programas de forma vigorosa, pueden ser un factor desencadenante de eventos cardiovasculares mayores, como infarto al miocardio o incluso de muerte súbita, sobre todo en personas sedentarias con factores de riesgo cardiovascular y/o cardiopatía isquémica, tal y como mencionan Vander y asociados, quienes reportan un evento cardiovascular no fatal por cada 1,124,200 horas de actividad física y un evento cardiovascular fatal por cada 887,526 horas, en adultos sin enfermedad cardiovascular conocida; por su parte, Thompson, estima una muerte por cada 7,620 corredores al año, en adultos aparentemente sanos.

Debido a estos datos, se da la aparición de programas de prevención cardiovascular primaria, en los cuales, es imprescindible remarcar que es necesario y obligatorio realizar una evaluación médica a fondo, sobre todo antes de iniciar cualquier programa de ejercicio físico. Esta evaluación tiene dos objetivos fundamentales, el primero de ellos es determinar el riesgo cardiovascular del paciente e identificar la presencia de alguna enfermedad cardiovascular que sea una causa potencial de síndrome coronario agudo, evento vascular cerebral, falla cardiaca o muerte súbita; el segundo objetivo es determinar la capacidad física del individuo, lo cual es fundamental para la adecuada prescripción del programa de ejercicio.

Sabemos que la condición física relacionada con la salud, incluye, la capacidad aeróbica o cardiorrespiratoria, la fuerza y resistencia muscular, la flexibilidad y la composición corporal, siendo considerado el componente cardiorrespiratorio, como el más importante y principal exponente del estado de forma del sujeto. A la vez, sabemos que el consumo máximo de oxígeno (VO2max) es el mejor indicador fisiológico de la capacidad aeróbica y del estado de salud cardiovascular.

Para determinar el estado de salud cardiovascular y la capacidad aeróbica, usamos, además de la prueba de esfuerzo simple, la ergoespirometría, la cual nos proporciona una evaluación muy precisa, fiable y completa del comportamiento de los aparatos cardiovascular, respiratorio y del metabolismo energético durante el ejercicio físico, esto es una herramienta fundamental en la valoración del deportista desde dos ámbitos:

  • Prevención y diagnóstico precoz de enfermedades cardiovasculares
  • Apoyo científico del entrenamiento deportivo

A diferencia de la prueba de esfuerzo simple, la ergoespirometría es un método preciso que mediante la determinación del VO2, permite estimar de manera objetiva el deterioro funcional y evaluar las medidas terapéuticas a seguir, cuando se detecte algún paciente en riesgo cardiovascular.

Estudios recientes han demostrado que el VO2max es el predictor más potente de riesgo de muerte por todas las causas y especialmente por enfermedad cardiovascular, tanto en hombres como en mujeres de diferentes edades y estados de salud.

Cuando envejecemos, el VO2max y la capacidad cardiopulmonar van decreciendo debido a la disfunción de diferentes sistemas orgánicos. Además, un reciente estudio de revisión, ha comprobado que una capacidad aeróbica aumentada durante la adolescencia, se asocia con una mayor salud cardiovascular durante la edad adulta, de ahí la importancia de promover la actividad física y deporte en nuestros jóvenes.
Debido a la importancia que tiene la capacidad aeróbica sobre la salud, diversas instituciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS), recomiendan para desarrollar y mantener la capacidad aeróbica, una actividad física aeróbica continua (carrera a pie, ciclismonatación) mezclada con actividad física intermitente (deportes de equipo: fútbol, balonmano, juegos de pelota…), al menos 5 días a la semana, entre 30 a 90 minutos de duración y una intensidad equivalente al 55-90% de la frecuencia cardiaca (FC) máxima o el 55-75% de la FC de reserva o del consumo de oxígeno.

Las últimas investigaciones se decantan en recomendar actividad física diaria, llevando a cabo ejercicios de fuerza + resistencia aeróbica o intercalando estos, en días diferentes.

Esto ayuda a mantener mejor el peso corporal y la salud cardiovascular, pero recordemos que todo en exceso es malo, tanto la falta de actividad, como el exceso de actividad, es por ello que para saber si estás o no listo para realizar algún tipo de ejercicio físico, es primordial acercarte a tu médico de confianza y realizar las pruebas necesarias para la valoración de tu estado de salud cardiovascular actual.

La evaluación fisiológica es una herramienta muy útil para médicos del deporte, nutriólogos, y profesionales afines, para determinar las pautas médicas, nutricionales, de capacidad funcional y entrenamiento.

 

 

Marathon de Mérida 2019. Todos los derechos reservados.

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