Al empezar a correr de manera habitual, el primer aspecto a contemplar debería ser, si dicho ejercicio va a aportarnos beneficios para la salud o conocer si existe un riesgo al realizarlo. En un principio, el ejercicio de resistencia, propicia una serie de beneficios que están bien documentados a nivel científico y que toman en consideración a una gran cantidad de personas que van desde gente enferma hasta deportistas de alto rendimiento. Sin embargo, cualquier tipo de persona se halla en riesgo si el ejercicio no es el adecuado.

De hecho, la principal causa de muerte en los países desarrollados son las enfermedades cardiovasculares. Se ha demostrado en numerosos estudios científicos, que el ejercicio de resistencia reduce los niveles de riesgo de muerte por algún tipo de afección cardiovascular. En 1994, se publicó un estudio epidemiológico que duró 45 años y fue realizado con 2313 deportistas y 1712 sedentarios, en el que demostraban que los deportistas vivían más y entre ellos, los de deportes de resistencia (frente a halterófilos, deportes de equipo, etc.). En décadas anteriores, diversos trabajos con muestras enormes, han descrito que el mejor indicador de la mortalidad por enfermedades cardiovasculares conforme avanza la edad, son el nivel de condición física, de modo que, conforme peor esté la condición cardiovascular, el riesgo se multiplica. Otro estudio, con más de 400,000 adultos chinos, demostraba que simplemente con ejercitarse 15 minutos cada día, se lograba una reducción del riesgo de muerte en un 14%.

–Entonces, si yo ya corro varios días a la semana, ¿estoy exento por completo del riesgo?

No completamente. Por desgracia, de vez en cuando también se conocen casos de deportistas de elite que son apartados de la competencia por habérseles detectado una complicación cardiaca. A menudo, son cuadros que ya poseían y que no se habían detectado porque no se les había evaluado hasta entonces. Por tanto, un deportista aficionado puede tener algún tipo de afectación (aunque sea menor) a nivel cardiaco y que, sin embargo permanece sin detectar. En situaciones de esfuerzo, las posibilidades de generar un evento no deseado para la salud, se multiplican. En climas tropicales, como el del estado de Yucatán, se produce durante un esfuerzo prolongado, una elevada tasa de deshidratación que incrementa cada vez más.

–¿Es necesario hacerme un check-up cardiovascular antes de iniciar un programa de ejercicio? O bien, pese a que llevo corriendo bastante tiempo, ¿sería bueno evaluar cómo responde mi corazón al esfuerzo y ver mi nivel de riesgo?

Las evidencias científicas no dejan lugar a dudas. Se subraya la importancia de este tipo de reconocimientos específicos, especialmente en hombres de más de 40 años o mujeres de más de 50. En atletas jóvenes, los episodios de muerte súbita siguen representando un reto para la medicina, dado que existen anormalidades que son indetectables sin una evaluación a fondo y que la mayoría de dichas muertes, ocurren porque no se había detectado la anormalidad a tiempo o permanecía indetectable. Sin embargo, muchos deportistas tienen antecedentes familiares o han tenido síntomas que, de tomarse en cuenta a tiempo y realizarse las pruebas específicas, pueden evitar este tipo de episodios fatales.

–¿Qué tipos de pruebas deben realizarse al respecto?

Lo mínimo, es realizar una investigación específica sobre los factores de riesgo de una persona, desde antecedentes familiares, a metabólicos y de estilo de vida. Estos antecedentes, incluyen desde el conocimiento de tener alguna enfermedad cardiovascular, metabólica o pulmonar, a los episodios que hayan podido sufrir los padres y los familiares de primer grado. También es preciso conocer sus niveles de presión arterial, glucosa y colesterol, si toma alguna medicación para presión arterial y aspectos del estilo de vida tales como el hábito de fumar. Lo siguiente sería realizar un electrocardiograma en reposo, preferiblemente de esfuerzo. En este tipo de pruebas, notamos el comportamiento eléctrico del corazón a través de 12 “ventanas” de observación del mismo.

Las pruebas de esfuerzo más completas, incluyen la evaluación de nuestro consumo de oxígeno, lo cual nos permite evaluar el potencial cardiorrespiratorio de forma directa, así como el nivel de riesgo, evaluando cómo se comporta el corazón en las diferentes intensidades cardiorrespiratorias. Si se encuentran indicios de riesgo cardiovascular o alguna intensidad particular, entonces el médico especialista pautará hasta qué intensidad se puede trabajar o se remitirá a realizar una ecografía del corazón.

Si se está sano, además de la buena noticia, en las pruebas con evaluación de consumo de oxígeno, se podrá conocer también factores clave sobre el potencial de mejora en el rendimiento.

En resumen, evaluar la funcionalidad del corazón previo a la inmersión en la práctica de ejercicio regular, especialmente si va a tener esfuerzos de alta intensidad frecuentes, debería ser el primer paso a tomar por los deportistas. Si además, no se hace deporte de manera continua durante años y se ha tomado la decisión de iniciar una práctica que incluye ese tipo de esfuerzos, es especialmente recomendable descartar riesgos.

Autor:

Jonathan Esteve Lanao,

Doctor en Ciencias del Deporte

Entrenador de Corredores, programa All In Your Mind.

Email: Jonathan.esteve@allinyourmind.es

 

 

 

 

Marathon de Mérida 2019. Todos los derechos reservados.

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